Los cinco helados que marcaron nuestra infancia

7 helados que nos trasladan a la infancia

Es curioso cómo, al ver ciertos objetos o alimentos, nos acordamos de tiempos pasados.

Algunos helados nos evocan claramente a una etapa concreta de nuestra infancia o adolescencia, con los amigos o la familia en la piscina, de vacaciones o en el pueblo.

Como es verano, en nuestras oficinas hace calor y estamos muy “ociosos”, esta semana nos hemos decantado por hacer un mini estudio en Instagram para ver cuáles son los helados que más echáis de menos.

Ranking de los mejores helados

FrigoPié

Una foto publicada por Maria Florea (@mariafloreaviolin) el

Salió al mercado en 1982, después del Frigodedo. Logró superar la popularidad de su antecesor.

Seguro que rico sabor a fresa y su textura suave han influido en su nombramiento como mejor helado de la historia por parte de la plataforma all-rankings.com.

El lento ritmo de consumo por parte de algunos niños hacía que nos cruzáramos con multitud de compis con media cara rosa.

 

Flash o Frigolosina

Una foto publicada por Paloma (@freepaloma) el

Cómo nos gustaba sorber el juguillo del hielo y escurrir después el plástico hasta que no quedase ni una gota…

Mi madre todavía no puede explicarse  cómo podía aprovechar así el flash pero no la pasta de dientes.

El sabor a cola en muchas ocasiones triunfaba sobre el de las frutas. En otros países se llaman dolphins (delfines), ice lollies (polo/palo de hielo), freezepops (piruleta congelada) o por la marca del flash: Mr Freeze, Polaretti, etc.

Helado de Drácula

Ya en 1977, la capa negra de Drácula (sabor cola) envolvía el helado de fresa, que parecía sangre.

Es un helado que o te encantaba o te daba mucha “grimita”.

Nos afanábamos en concursar para ver quién le daba el mordisco más vampírico posible.

Eso, si conseguías uno, ya que solían estar agotados por la gran demanda.

 

Miko-Lápiz

Una foto publicada por Mar ?? (@marpc83) el

No sé si me gustaba más moder la punta del lápiz de chocolate, o lamer la tapa roja del fondo para comprobar si había otro.

El ansia era tal que más de una vez le pegué un lametón al cartón amarillo con dibujitos.

¿Y lo que fastidiaba cuando se atascaba el palo y no se podía subir el helado de vainilla?  Apareció en 1986.

 

Helado Colajet

Una foto publicada por iPixa (@ipixa) el

Camy lanzó un cohete, el Colajet, con franjas de cola y limón (sospechosamente “inspiradas” en el Capitán Cola de Frigo) y añadiendo chocolate en la punta.

La mezcla, un poco extraña, fue todo un acierto. Los palos con premio también fueron, como en el caso del Miko-Lápiz, un gran reclamo. ¿Quién no querría conseguir otro?

 

Minimilk

Una foto publicada por Vicki (@flofredandme) el

Su precio era una de sus grandes  ventajas, unas 25 pesetas. Primero se pusieron a la venta los de sabor a leche, en 1975, y más tarde, se incorporaron al cartel los de chocolate.

Los últimos fueron los de fresa. A nuestros padres les encantaban tanto o más que a nosotros.

Se quedaban un poco pequeños, pero eso incitaba a repetir…

 

Calippo

Una foto publicada por @pearlandandrewsfood el

Al final, no deja de ser una variante los clásicos polos o flashes, pero Frigo tuvo la idea de hacer este divertido envase en forma de cucurucho que permitía empujar el hielo (sabor fresa, lima o cola).

En teoría, mucho más práctico…

En la práctica, se nos derretía y se nos llenaban las manos y muñecas de líquido verde pegajoso.

Actualmente existen más sabores, y en otros países se han popularizado los sabores de naranja o, por ejemplo, sabor chicle de fresa.

El caso es que la mayor parte de ellos siguen en el mercado. ¿Por qué los recordamos entonces con nostalgia? ¿Es que los adultos no comen helados?

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