Reeducación alimentaria

Mindful Eating, la nueva técnica de reeducación alimentaria

¡Imagínate que eres un extraterrestre que llega a la Tierra y prueba por primera vez una sopa!

Disfruta de cada cucharada, del olor, del sabor, de la textura, del color.

Controlaremos la ansiedad y seremos conscientes de cada bocado, disfrutándolo más

Antes de nada, debemos aclarar que no existe ninguna dieta milagrosa ni producto mágico para adelgazar, todo se basa en adquirir una serie de hábitos saludables y una dieta equilibrada, que podemos complementar con suplementos alimenticios y productos naturales que nos ayuden a lograr nuestros objetivos.

Una técnica muy novedosa para bajar de peso es el Mindful Eating, o alimentación con conciencia.

La palabra inglesa mind (mente) adquiere mucho peso en este sistema. Comer conscientemente ayuda a reeducar nuestra forma de alimentarnos dejando atrás la obesidad o trastornos alimenticios.

Y, por otro lado, además de obtener una mejora en nuestra salud física, lograremos un mayor equilibrio emocional y sensación de bienestar.

El Mindful Eating es especialmente idóneo para personas con una relación “conflictiva” con la comida, que ha realizado diferentes dietas y que, incluso habiendo perdido el peso deseado, no ha logrado mantener los resultados, principalmente por no haber adquirido buenos hábitos alimenticios y por comer por impulso y ansiedad.

A menudo nos engañamos pensando que nos estamos cuidando; no somos conscientes de la cantidad (y velocidad) a la que comemos.

Recordamos que cualquier dieta de pérdida de peso debe ser controlada por un nutricionista y un médico para supervisar un desarrollo adecuado y que nuestro cuerpo está recibiendo los nutrientes necesarios para garantizar nuestra salud.

Esto es más importante aún que los resultados.

Pero con el Mindful Eating es básico incorporar además a este tratamiento multidisciplinar la participación de un psicólogo que nos ayude a trabajar los aspectos relacionados con la gestión de la ansiedad.

Las claves principales en las que se basa son aprender a ser consciente de qué comemos, cómo comemos y por qué comemos:

¿Qué comemos?

Prestemos atención a las texturas,  olores, colores y sabores de los alimentos.

Si nos damos cuenta, las fresas son muy llamativas por su color pero realmente no tienen un sabor dulce.

Un ejercicio muy interesante es taparnos los ojos antes de empezar y recrearnos en estos tres factores durante unos minutos antes de dar el primer bocado.

Comer una uva pasa después de tenerla en la boca un minuto te permitirá redescubrir a qué sabe.

¡Imagínate que eres un extraterrestre que llega a la Tierra y prueba por primera vez una sopa!

Intenta descubrir, en la primera cucharada, todos los ingredientes que se han utilizado para elaborarla y no pases a la siguiente hasta haberlo averiguado.

¿Cómo comemos?

En primer lugar, debemos dejar de comer mientras hacemos otras tareas como ver la televisión, estar frente al ordenador, etc. y  comer de pie, o caminando.

Siempre sentados, con la espalda recta, a un palmo de la mesa (concentrarnos en la postura ayuda a comer con más calma y mejorar el proceso de digestión).

Debemos masticar cada bocado al menos 10 veces antes de tragar, y dejar el cubierto apoyado en el plato después de cada bocado.

Eso hará que controlemos la ansiedad y seamos conscientes de cada bocado, disfrutándolo más.

Un truco para controlar la cantidad es utilizar un plato y cubiertos pequeños.

Si tu problema es que comes muy deprisa, cronométrate y trata de duplicar el tiempo que empleas para comer la próxima vez.

Un ejercicio que te puede ayudar a lograrlo es imaginarte en el plato una espiral e ir cogiendo la comida siguiendo este dibujo.

Comenzamos con la primera cucharada o pinchando en el centro, y continuamos realizando la forma hasta terminar.

¿Por qué comemos?

Es fundamental aprender a diferenciar si estamos comiendo por hambre o por ansiedad.

¿Hay algo que me preocupa o me pone nervioso? ¿Comer va a hacer que lo solucione?

Estableceremos con el nutricionista unas horas idóneas para comer, ya sean 5 o más comidas diarias, en función de nuestros horarios de trabajo y ocio.

Si es la hora de comer, puede ser hambre, pero si acabamos de comer es ansiedad.

Si no tenemos realmente hambre, evitaremos también comer simplemente porque es lo que solemos hacer al ver un partido de fútbol o una película.

Debemos disociar la comida y nuestras costumbres de ocio.

Esto nos hará percibir cómo, en muchas ocasiones, comer y beber está muy arraigado en nuestra vida social por influencia cultural.

Por supuesto mantenernos activos y hacer ejercicio es igual de importante que los puntos anteriores.

Prescindamos del ascensor y subamos por las escaleras, dejemos el coche en casa si podemos hacer esos recados andando, hagamos unos estiramientos al levantarnos.

El yoga y la meditación son especialmente idóneos para ayudarnos a tomar conciencia y concentrarnos no solo en nuestra “reestructuración mental” en nuestra relación con la comida, sino también en  el resto de ámbitos de nuestra vida.

De hecho, existe una modalidad de yoga que está en auge que se llama mindfullness, de la cual esta técnica de reeducación alimentaria ha tomado el nombre, también basada en la conciencia.

El mindfulness puede llegar a tener un impacto positivo en la salud psicológica y física, incluyendo mejoría en casos de estrés, depresión, ansiedad y dolores posturales.

Claramente optimizaremos los resultados si nuestra economía nos permite entrenar en un gimnasio o con un entrenador personal.